En una reciente visita al Archivo Histórico provincial de Sevilla, me salió al paso una nueva carta de compraventa de un indio esclavo, en esta ocasión, fechada el jueves 30 de julio de 1534. Resumidamente, la escritura decía lo siguiente:

            Rodrigo Alonso, mercader, vecino de la villa de Zafra, vende a Francisca de Espinosa, viuda, vecina de Sevilla, en la collación de Santa María, que estaba presente, una esclava india, llamada Felipa, de 25 años más o menos,  natural de las Indias de Portugal, con un hijo de dos años, de buena guerra, por un precio total de 18.920 maravedís (al margen 50 ducados).

            La escritura tiene su interés, para empezar porque no abundan las escrituras de compra venta de esclavos indios, de las que tenemos localizadas tan sólo varias decenas en toda España. Hay varios datos de interés que merece la pena resaltar: primero, que el vendedor sea un mercader zafrense. No olvidemos que durante todo el siglo XVI continuaron entrando de forma ininterrumpida amerindios, a través del puerto de Lisboa. El ejemplo de Zafra es especialmente llamativo, pues se han localizado algunas cartas de compraventa que se prolongan en el tiempo nada menos que hasta 1643. Se trata de un caso singular, pues en ningún otro mercado peninsular se dio tal circunstancia. No olvidemos que desde 1542 los nativos americanos eran vasallos de la Corona de Castilla y, por tanto, en teoría no se podía traficar con ellos. Pero en Zafra se hacía y con total impunidad, siendo todos procedentes del Brasil, pues en las colonias lusas la legislación tenía las fisuras suficientes como para que se mantuviesen las razias esclavistas de los bandeirantes. Y es más, mercaderes de Zafra figuran entre los vendedores de indios en Sevilla en la primera mitad del siglo XVI, porque los compraban en Portugal y los vendían en Extremadura y en Andalucía.

            No obstante, es probable que algunos de estos indios declarados brasileños procediesen realmente de las colonias españolas, circunstancia que obviamente ningún vendedor en sus cabales sostendría. ¿Por qué Zafra fue el único mercado español en el que se continuaron vendiendo casi hasta mediados del siglo XVII? La única explicación posible es que se situara a la sombra de Lisboa, en cuyo mercado se siguieron vendiendo indios supuestamente de guerra. No debe ser casualidad que en alguna de esas cartas se especifique la naturaleza brasileña del esclavo lo que posiblemente constituyó el eximente por el que se toleró su venta.

           El precio de venta, 50 ducados, fue razonablemente alto, situado más o menos en la media del precio al que se vendían en aquella época los esclavos negros y berberiscos. Probablemente, el hecho de tener un hijo de dos años incrementó sensiblemente el precio. También es posible que el exotismo del origen indio equiparase en cierta medida su precio con el que alcanzaban los negros africanos y los berberiscos.

           Esta nueva carta de compraventa, nos confirma nuevamente que, aunque a cuenta gotas, se vendieron esclavos indios, la mayoría procedentes de la América portuguesa, a lo largo de la primera mitad del siglo XVI.

ESTEBAN MIRA CABALLOS