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RESUMEN

Tras el encuentro o el choque entre los dos mundos se dieron trasvases culturales mutuos en una doble dirección. Era bien sabido, que las distintas culturas amerindias terminaron sucumbiendo ante la superioridad de la cultura europea. Pero también se produjo una menos conocida indianización de los conquistadores. Hubo algunos casos aislados de personas que se indianizaron totalmente, la mayoría de manera forzada, al sufrir naufragios o emboscadas que los dejó en manos de alguna banda, tribu o jefatura. Sin embargo, estos casos, bien conocidos, nunca dejaron de ser totalmente excepcionales.

           En cambio, fue frecuente la integración en la cultura de los conquistadores de numerosas costumbres y rasgos culturales de los conquistados. La gastronomía indígena, ciertas técnicas de cultivo, la herborísticas, sistemas defensivos o elementos de la vida cotidiana como los bohíos –casas indígenas- o las hamacas fueron plenamente aceptadas e integradas en la cultura de los conquistadores. En este último aspecto incidiremos en esta ponencia.

PALABRAS CLAVES: aculturación, trasvases culturales, indianización.

 

 

INTRODUCCIÓN

           Tras el contacto, encuentro o choque de civilizaciones se produjeron de manera inmediata trasvases culturales en un doble sentido, muy a pesar de que a la postre la cultura inferior terminó sucumbiendo ante la invasora. Esto ha sido una dinámica frecuente en la historia de la humanidad, en la que reiteradamente las culturas inferiores fueron sucumbieron ante el avance de las superiores. Ahora bien, como no podía ser de otra forma, estas interacciones afectaron a unos y a otros. Toda banda, tribu, jefatura o estado es fruto de un complejo proceso de interrelaciones internas y externas, como bien demostró en el siglo pasado Eric Wolf1.

Con los amerindios la política de los europeos estuvo clara desde el principio: su conversión y su integración como labradores de Castilla. A eso llamaban en el siglo XVI, vivir en policía. Todos tenían claro que la empresa indiana no estaría concluida hasta que todos sus habitantes hablasen el castellano y practicasen la religión católica. De hecho, desde 1550 encontramos disposiciones Reales para que no se demorase la enseñanza del castellano a los indios, considerándola un vehículo fundamental para la adopción de las costumbres hispanas. Obviamente, si algunos religiosos aprendieron las lenguas nativas no fue por un afán altruista de conservación sino para lograr una más rápida conversión y aculturación. Hubo decenas de casos, por ejemplo, el del jesuita Juan Font que cultivó la lengua que se hablaba en Vilcabamba para catequizar personalmente, sin necesidad de usar intérpretes. También fray Domingo de Santa María dominó el habla mixteca, publicando incluso un catecismo en dicha lengua, mientras que Vasco de Quiroga editó otra doctrina en el idioma de Michoacán. Ni tan siquiera fray Bernardino de Sahagún, padre de la antropología, lo hizo por un afán de conocimiento, sino como un medio para hacer más eficiente su conversión.

Los aborígenes se resistieron hasta donde pudieron a aceptar las premisas religiosas e ideológicas que los españoles trataron de imponerles. Se trata de una circunstancia lógica, ampliamente documentada en otras conquistas, en otros lugares y en muy diversas cronologías, debió a la fuerte resistencia al cambio que muestra la estructura de las mentalidades2.La indiferencia de los aborígenes a la hora de aprender y asimilar los preceptos básicos de la religión cristiana fue tal que muchos españoles, e, incluso, algunos religiosos, defendieron su total incapacidad para las cosas de la fe. Sin embargo, estaba claro que no se trataba tanto de incapacidad como de desinterés por aprender una religión que consideraban extraña. Gonzalo Fernández de Oviedo afirmó de los indios de La Española que era nación muy desviada de querer entender la fe católica.3. Otros grupos indígenas en el continente americano se resistieron igualmente a aceptar la nueva religión. Muy lúcido se mostró Atahualpa cuando en Cajamarca le respondió a Pizarro que no aceptaría el cristianismo, pues mientras sus dioses, el sol y la luna, nunca morían, su dios, Jesús, había muerto en la cruz4.

Sin embargo, como veremos en las líneas que vienen a continuación, paralelamente al rechazo de las cuestiones ideológicas, se produjo una aceptación rápida de una buena parte de la cultura material, en tanto en cuanto contribuía a mejorar su quehacer diario. Ya en los primeros años del descubrimiento, los tainos antillanos, a la par que se rebelaban contra el poderío español, aceptaron con juna rapidez sorprendente determinados rasgos culturales que por diversas circunstancias les interesaron. Y en este sentido hay casos muy conocidos, como el de los animales domésticos que los adoptaron porque suponían una mejora sustancial en sus dietas y en su calidad de vida. Perros, caballos, cerdos y vacas fueron incorporados a su vida cotidiana con una enorme celeridad. De hecho ya en la temprana fecha de 1503 tenemos constancia de algunos taínos de la Española que cazaban con la ayuda de perros5.

Si la incorporación del caballo se retrasó no se debió a su rechazo sino a la escasez de équidos en los primeros años, a su elevado precio y a su monopolio por parte de los conquistadores. Sin embargo, ya en la década de los veinte había indios que eran expertos jinetes. El famoso Enriquillo, indio muy conocido por su famoso alzamiento en la sierra del Bahoruco, en la Española, entre 1520 y 1535, tenía un caballo a finales de la segunda década del siglo XVI. Pues bien, según la historiografía tradicional lo tenía en tanta estima que fue su robo por un tal Juan de Valenzuela el detonante de su alzamiento6. Pero, es más, en todo el movimiento insurgente en las Antillas se dio un gran valor al caballo como lo demuestra el hecho de que, en algunas ocasiones, robaran ejemplares en las estancias de los españoles7. En un documento fechado en 1545 se decía que los aborígenes no rezaban el Ave María pero que todos los más andan a caballo y tienen caballos y algunos de ellos tres o cuatro caballos y los días que andan a montear aun se les da caballos a algunos de ellos en que traigan la carne y en sus caballos de ellos mismos o de sus amos las traen8. Otros grupos indígenas, como los de Norteamérica o los araucanos del cono sur se convirtieron en breve tiempo en grandes jinetes, siendo una de las causas que retrasó durante tanto tiempo su conquista.

Por otro lado, algunos indios mostraron un gran interés por aprender los oficios de los españoles. Así en un pleito entre los herederos de Diego Méndez y el licenciado Serrano, uno de los testigos presentados declaró:

Que son grandes trabajadores, muy buenos y diestros en coger oro y en las otras granjerías y arrieros y otros hacheros y tan cuerdos que trabajan sin tener cristiano"9.

 

          Algunos, incluso, llegaron a dominar el oficio de la albañilería y la construcción. Efectivamente, la utilización de mano de obra indígena en las fortalezas se dio desde el mismo momento en que Cristóbal Colón arribó a la Española pues ya en la construcción del fortín Navidad colaboró el cacique Guacanagarí con muchos de sus indios, pues veía en esta fortaleza una posible protección frente a los indios caribes. Concretamente, entre 1506 y 1507 laboraron en la fortaleza de Santo Domingo los caciques Yaguax, Caysedo y Manicautex y la cacica Leonor de Analiana, que se decía de ellos que eran muy hábiles en el trabajo de albañilería10.

          En Jamaica, en la temprana fecha de 1525 se afirmaba que el cacique que hizo la fortaleza de esa isla y su gente están muy diestros y mostrados en el hacer de la cal y ladrillo, y en edificios porque ellos hicieron la fortaleza de esa isla y que podrán entender en el edificio de la dicha iglesia...11 En el caso de los indios de la isla Margarita se compelió al teniente de gobernador de ella a que pusiese los ciertos indios en el trabajo de la iglesia y fortaleza porque decían que aquellos sabían hacer la mezcla y lo demás que era menester para el servicio del albañil...12

Bien es cierto, primero, que el aprendizaje de las labores de albañilería fue forzada por los propios hispanos que rehuían este tipo de trabajo por su dureza. De hecho, fray Toribio de Benavente calificó los trabajos de construcción como la séptima plaga responsable de la drástica caída demográfica de los indígenas13.Y segundo, que pasada la conquista inicial y dado el descenso dramático de la población aborigen, los esclavos negros fueron paulatinamente sustituyendo en las labores de construcción a los amerindios, adquiriendo también los africanos una gran destreza en las labores constructivas14.

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RASGOS INDÍGENAS EN LA CULTURA DE LOS CONQUISTADORES

 

Pero a la par que se produjo una castellanización paulatina de los amerindios también se produjo el efecto contrario, es decir, la indianización del español, también llamada aculturación a la inversa15. Lo más usual, en cambio, fue la aceptación por parte de los españoles de algunos rasgos culturales de la cultura de los conquistados. En cambio, la indianización plena fue absolutamente excepcional en las Antillas, por circunstancias obvias.

 

1.-LA CULTURA CULINARIA

El mundo al que arribaron los europeos desde finales del siglo XV, resultó ser muy diferente del que habían dejado atrás. Pero no sólo en sus gentes, en sus culturas y en sus tierras sino también en su clima. Lo primero que hicieron cuando pisaron suelo americano fue tratar de aclimatar a la fuerza las plantas que reportaban los frutos básicos de su alimentación. Una y otra vez se empecinaron en cultivar la trilogía mediterránea, con la intención de mantener su alimentación tradicional. En extensas áreas caribeñas fracasaron, simplemente porque las condiciones climáticas impidieron su desarrollo. No faltó quien interpretase que el fracaso se debía a un castigo divino.

           La consecuencia no se hizo esperar: se produjo una subida frenética de los precios. Su desabastecimiento terminó convirtiendo a la trilogía mediterránea en productos absolutamente prohibitivos. La mayor parte de la población debió transformar aceleradamente su dieta. Consumían productos de la tierra, sobre todo tortas de cazabe, maíz y ajes, y cuando podían tomates, calabazas, pimientos y frutas tropicales16. La dieta se completaba con la abundante carne de ternera o de cerdo que había en la isla. Las manadas habían proliferado tanto que la carne no adquiría precio y, en la mayor parte de los casos, sacrificaban decenas de miles de cabezas de ganado vacuno sólo para extraerle el cuero con destino a la exportación. Y obviamente, el aceite fue sustituido por las grasas animales –el sebo- que, incluso, comercializaban en pipas17.

Por tanto el pan de trigo, lo cambiaron por el cazabe, hecho a base de harina de yuca o de maíz, mientras que el aceite de oliva lo sustituyeron por el cebo porcino. Entre estos alimentos debemos mencionar la batata de la que Pedro Mártir de Anglería decía: asadas o cocidas, no hay pasteles ni ningún otro manjar de más suavidad y dulzura18. En un plazo verdaderamente pequeño, el maíz, la yuca y los ajes se convirtieron, junto a la carne, en la base del sustento de los hispanos. Y es que el ser humano es omnívoro, y consume una amplia gama de alimentos de origen vegetal y animal. Marvin Harris demostró la gran capacidad de los humanos para comer todo aquello que le resultaba práctico, por encima de cuestiones genéticas o culturales19. Y efectivamente, así ocurrió en la Conquista; a falta de los alimentos propios de la dieta mediterránea, las huestes se dedicaron a robar la comida a los indígenas para llenar sus voraces estómagos. Los propios nativos desesperaban cuando veían que los pocos alimentos que tenían se los arrebataban los conquistadores pues, como escribió fray Bartolomé de Las Casas, comía más un tragón español en un día que diez indios en un mes. Solo hubo un alimento que no aceptaron los hispanos, la chicha –el llamado vino indígena- realizado a base de fermento de maíz, pero por motivos culturales y sociales y no gastronómicos20. En breve plazo el intercambio alimentario fue imparable y rápido: los europeos recibieron productos como el maíz, la patata, el pimiento, el cacao, el tomate, la judía, la calabaza, etcétera, mientras que los americanos recibieron el trigo, la vid, el plátano, el melón, la naranja, el arroz, la aceituna, etcétera. Además se introdujeron los animales domésticos europeos, tanto ovinos, como bóvidos, caprinos y equinos.

 

2.-LA HERBORÍSTICA

Desde la llegada de los españoles al Nuevo Mundo se interesaron por las virtudes médicas de su naturaleza e intentaron extraer de las nuevas plantas americanas licores y elixires mágicos. La herborística indígena suscitó un gran interés, probando todo tipo de plantas esperando encontrar así el remedio a las enfermedades que los flagelaban21.Los indios eran grandes herbolarios, especialmente sus curanderos, chamanes o behiques, como bien explicó el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo:

Estos, por la mayor parte, eran grandes herbolarios y tenían conocidas las propiedades de muchos árboles y plantas e hierbas; y como sanaban a muchos con tal arte, teníanlos en gran veneración y acatamiento como a Santos...22

 

Efectivamente, aunque los behiques revestían todas sus sesiones curativas con un amplio ritual mágico-ceremonial en el que supuestamente intentaban extraer al enfermo su mal23 lo cierto es que sus éxitos médicos estaban fundamentados en sus amplios conocimientos herborísticos, los cuales no eran privativos de los taínos de la Española, sino de la mayoría de las comunidades indígenas americanas24.Numerosos oportunistas intentaron "inventar" medicinas para comercializarlas tanto en el Nuevo Mundo como en Castilla. A partir de la década de los veinte la Corona se preocupó bastante del envío de plantas medicinales a Castilla, no sólo con la esperanza de que fuera útil médicamente sino también por la posibilidad que existía de que resultase una empresa lucrativa25.

La importación de estas plantas medicinales de la Española fue aumentando con el paso de los años hasta el punto que ya en torno a 1530 se consumían grandes cantidades de palo de Guayacán, en el hospital de las Bubas de Sevilla. Concretamente en julio de 1531 el Rey concedió cierta cantidad de maravedís a Juan de Miranda, administrador de este hospital, para que adquiriese ramas de este arbusto de la Española, pues, había 80 enfermos que se estaban curando precisamente con el agua del palo del guayacán26. Algunos lugares, como La Española terminaron cogiendo merecida fama de ser un auténtico vergel botánico27. Resulta muy llamativo que recetas médicas descubiertas por los españoles apenas unos años antes se estuviesen administrando a los enfermos de los hospitales sevillanos. Sin duda, esta circunstancia nos da idea de la rapidez con que las plantas medicinales indígenas fueron introducidas en el mercado europeo. Pero, sin duda, el elixir indígena que más ampliamente se comercializó y se difundió en España fue el bálsamo. Este licor se extraía del Guaconax o Boní, planta que abundaba en la Española, especialmente en la región de Higüey28.

Hubo algunas costumbres más nocivas que también fueron desgraciadamente adoptadas por los europeos. Se trataba del tabaco, que era una planta ampliamente usada por los amerindios tanto en sus fiestas y areitos, como por los chamanes o behiques para adormecer a sus pacientes. Lo consumían de dos modos básicamente, a saber: una, en forma de polvos que aspiraban por la nariz, y otra, haciendo sahumerios hasta emborracharse29. En un primer momento su consumo estuvo mal visto por la sociedad española motivo por el cual tan sólo lo usó la población de color30. Los africanos adoptaron desde un primer momento esta nociva costumbre porque dicen que cuando dejan de trabajar e toman el tabaco, se les quita el cansancio31. En 1518 fray Ramón Pané envió unas semillas de tabaco a Castilla para el jardín de Carlos V, aunque con un fin únicamente ornamental. Sin embargo, pasadas algunas décadas se comenzó a introducir su consumo entre los españoles aunque exclusivamente por las virtudes medicinales que erróneamente se le atribuían. Ya Girolamo Benzoni destacó las virtudes del tabaco, pues a su juicio, remediaba los dolores de cabeza y además era cicatrizante, purgante y expectorante32. Unos años después el médico sevillano Nicolás Monardes volvió a elogiar la planta:

De muy pocos años a esta parte se ha traído a España más para adornar jardines y huertos… que por pensar que tuviese las maravillosas virtudes medicinales que tiene. Ahora usamos de ella más por sus virtudes que por su hermosura, porque cierto son tales que ponen admiración33.

 

El propio Miguel de Cervantes en su obra Viaje al Parnaso destacó las excelencias del tabaco al que atribuía cualidades estimulantes de la actividad cerebral, potenciando la imaginación34.La popularización de su consumo no tardó en producirse. De hecho, hacia 1531 se decía de un vecino de La Habana, llamado Diego Núñez, que consumía tabaco como indio y tenía una haba con otros tabacos...35.El tabaco arraigó tanto en los hábitos de los españoles que fue una de las pocas plantas medicinales indígenas que en poco tiempo llegó a cultivarse en la propia Península36.

 

3.-LA TECNOLOGÍA M ILITAR

En cuestiones defensivas hubo una adaptación a las condiciones que la geografía y el clima imponían a sus habitantes. En medio del clima tropical no servían las pesadas armaduras utilizadas por aquel entonces en Castilla de manera que los españoles improvisaron protecciones a base de materiales de la tierra muchísimo más ligeros. Según afirmaba Girolamo Benzoni, no solían llevar armadura por la humedad, por la abundancia de rocío y porque a menudo debían dormir al aire libre por lo que suponía un gran entorpecimiento37. De manera que en una carta de los oficiales de Santo Domingo a Su Majestad, fechada en la temprana fecha de 1515, le explicaban lo siguiente: Y en lo de las conchas de los careyes que han sido y son dificultosas de haber y que de las que hasta allí han habido ha hecho unas veinte armaduras que servirán en la armada que ahora hacen contra caribes y que son, según tienen información, las mejores armaduras que se puedan haber para aquellas partes38. Sin embargo, esta idea de hacer armaduras de carey no tardó en ser desechada porque era demasiado laborioso y porque, cuando se calentaban las conchas con el calor se volvían quebradizas y no protegían adecuadamente de las flechas indígenas39

Lo más frecuente, fue la adopción generalizada de los llamados escaupiles, algo así como abrigos gruesos de algodón que impedían que las flechas alcanzasen el cuerpo. En el caso de los mexicas, sólo los líderes y los guerreros de alto nivel iban ataviados con cascos de madera o cuero, botas de este mismo material ricamente ornamentadas y escaupiles. Eran muy útiles frente a las armas de los nativos, es decir, frente a las flechas, pero totalmente ineficaces frente a las armas de fuego. Sin embargo, dado que los amerindios no disponían de estas últimas, su seguridad era alta y sus inconvenientes menores que las armaduras castellanas. Es más, incluso, conscientes de la importancia de los caballos y de que estos eran objetivo de sus oponentes, Hernán Cortés les colocó vigilancia de noche, cubriendo además sus cuerpos con escaupiles gigantes que impedían que las flechas les alcanzasen.

           También la canoa, se convirtió en un medio no solo de transporte sino también de uso cotidiano en la defensa naval, pues, como afirmó Roberto Cassá, más eficaces en aquellas aguas que los propios navíos europeos40. Estas pequeñas embarcaciones fueron frecuentemente utilizadas por los castellanos tanto como transporte como para acciones bélicas. Y es que en ocasiones, estas embarcaciones ligeras eran el mejor remedio para enfrentarse a los escurridizos corsarios. Así, por ejemplo, en 1528, el mejor remedio que se utilizó para luchar contra los franceses fue un pequeño bergantín, al mando del capitán Francisco Gorbalán, y dos canoas con varias decenas de indios flecheros procedentes de la isla Margarita41. Estos se enfrentaron a la armada francesa, capitaneada por Diego de Ingenios y formada por una nao, una carabela y un patache. El resultado fue la muerte de numerosos enemigos y la fuga de los navíos enemigos42.

Asimismo, eran utilizadas en Cubagua y la isla Margarita para la pesquería de las perlas pues, según decían los contemporáneos, para ello son mejores que bergantines43. Se consideraba un navío muy ligero especialmente apto para aquellos mares, de manera que casi todas las expediciones contaban con alguna canoa o alguna piragua caribe cuyas funciones venían a ser semejantes. De hecho la conquista de la isla Margarita, se hizo con cinco navíos de remos y una piragua equipadas de indios y ciertos españoles44.

 

4.-OTROS RASGOS INDÍGENAS

Finalmente, encontramos un sinfín de elementos y rasgos de la cultura material y espiritual amerindia en la cultura de los conquistadores. Para empezar habría que destacar el enorme aporte de vocablos indígenas que aparecían en la lengua de los conquistadores, así como la conservación de los nombres propios para designar accidentes geográficos, ríos, etc.45

Igualmente fueron bien acogidos diversos elementos de la tecnología indígena que aunque era muy rudimentaria se encontraba perfectamente adaptada a las necesidades del medio. En muchas áreas de Hispanoamérica se adoptaron eficientes técnicas de cultivo indígena. Así, por ejemplo, en las Antillas se uso durante décadas el cultivo de la yuca en montones tal y como habían hecho milenariamente los taínos. Los indígenas apilaban tierras en montones para luego enterrar en ellos la raíz46. Y los hispanos continuaron usando esta técnica que era bastante similar a la que se empleaba en las islas Canarias para el cultivo de la caña de azúcar47.

           Asimismo, las típicas hamacas indígenas fueron plenamente asimiladas por los conquistadores prolongándose su uso hasta nuestros días. Además de ser más prácticas para un clima caluroso como era el antillano, su aceptación estuvo directamente influida por el menor costo de las hamacas con respecto a las camas48. Y la aceptación fue tal que en dos navíos que zarparon para la Española en 1503 llevaron 42 hamacas, presumiblemente fabricadas en la Penínsul49a. Y nuevamente, en la armada de Pedrarias, aprestada en 1513, nos consta nuevamente el envío de hamacas, confeccionadas ya con total seguridad en España50.

Bien aceptado fue también el "bohío" o casa pajiza indígena pues como muy bien afirmó Roberto Cassá el bohío criollo no es otra cosa que una reproducción de la vivienda de los caciques indígenas51.

 

ESPAÑOLES INDIANIZADOS

A continuación, nos referiremos a varios cientos de españoles –quizás miles- que asumieron plenamente las costumbres indígenas52. Y aunque los casos conocidos son muy diversos y estuvieron rodeados por circunstancias muy diferentes entre sí, es obvio que se pueden establecer algunas generalizaciones:

Huelga decir que casi todos ellos lo hicieron obligados por las circunstancias. La mayoría por haber sufrido un naufragio o por haber sido capturado o abandonado por su hueste. Así, el jerezano Vasco Núñez de Balboa encontró en tierras del cacique Careta a tres españoles que habían huido de la expedición de Diego de Nicuesa para evitar el castigo por alguna irregularidad que cometieron. Cuando llegó el jerezano, un tal Juan Alonso, que había llegado a ser el capitán de confianza del cacique Careta, lo traicionó y se reincorporó a las huestes53.

Caso muy excepcional fue el del sevillano Diego de Guzmán, que participó en la expedición de Hernando de Soto a la Florida. Éste era muy aficionado al juego de naipes, pero un buen día lo perdió todo y decidió huirse con una joven india. El adelantado le requirió a volver pero no quiso hacerlo por lo que decidieron dejarlo allí y continuar su viaje54. También voluntario fue el caso de Pedro Calvo de Barrientos, que había sido afrentado por el gobernador Francisco Pizarro. En 1533 o 1534, estando en Jauja, cometió un hurto y el gobernador ordenó cortarle las orejas Sintiéndose avergonzado y marcado de por vida huyó al reino de Chile, donde fue acogido por los indígenas en el valle de Copiapó55. Por tanto, sí que parecen estos casos voluntarios y algunos hasta definitivos, pero empujados por la adversidad o por el rechazo de sus propios compatriotas. Sin embargo, nadie en sus cabales abandonaba el bando de los vencedores para sumarse al de los vencidos si no tenía razones de peso para ello. Y ello, por dos motivos, a saber:

Primero, porque existía la idea generalizada entre los invasores de que los nativos eran holgazanes, borrachos, sucios y viciosos. Así, lo reflejan infinidad de textos de crónicas y documentos de la época56. Desgraciadamente esta imagen se mantuvo durante siglos y aparece reflejada en decenas de documentos. En América no se recuperó la imagen del buen salvaje hasta finales del siglo XVIII cuando muchos criollos independentistas, los mismos que habían explotado al indio durante siglos, contrapusieron el idílico mundo indígena a lo español. Además, la reacción de los hispanos ante un compatriota indianizado no era precisamente tolerante. De hecho, en Cuba, hacia 1518, quemaron un indio español que andaba en hábito cristiano que se llamaba Juan Muñoz57. No disponemos de muchos más detalles sobre la cuestión pero probablemente eran vistos como traidores lo que no dejaba de ser peligroso para su integridad física. Precisamente Gonzalo Fernández de Oviedo cuando refiere el caso de Gonzalo Guerrero y de otros seis que según él se quedaron entre los indios, los tilda de traidores, viles y heréticos 58. Asimismo, en 1543, cuando el capitán Alonso de Monroy encontró a un tal Francisco Gasco, viviendo entre los araucanos y con varios hijos mestizos y que no quería regresar, lo acusó de infame y de ser más bárbaro que los mismos indios59. Finalmente, Alonso de Monroy y Pedro de Miranda mataron al cacique y lo llevaron de manera forzada al Perú. Sin embargo, una vez allí, desapareció sin dejar rastro, ante la sospecha de todos de que regresó con los indios, para reencontrarse con su esposa e hijos.

Y segundo, porque no estaba garantizado, ni muchísimo menos, un buen trato por parte de los indios. Conocemos decenas de casos en los que los hispanos terminaron siendo asesinados, mientras que en otros sufrieron vejaciones y malos tratos. No debemos olvidar que se trataba de una invasión y por tanto de una guerra; unos luchaban por conquistar territorios y otros por salvar el mundo que conocían. Así, por ejemplo el almagrista Diego Méndez Orgoños, tras ser derrotado en la batalla de Chupas, en 1542, se refugió donde estaban los indios de Manco Cápac y estos lo asesinaron60. En otros casos, aunque salvaron la vida, fueron sometidos a todo tipo de malos tratos y vejaciones. Jerónimo de Aguilar, Juan Ortiz o Francisco Martín, tras ser liberados por los españoles relataron las vejaciones y malos tratos que sufrieron a manos de los indígenas61. Por citar un ejemplo concreto, del ecijano Jerónimo de Aguilar, cuando le preguntó Hernán Cortés por la tierra respondió lo siguiente:

Que como le tenían por esclavo, que no sabía sino traer leña e agua y cavar en los maíces; que no había salido sino hasta cuatro leguas que le llevaron con una carga, y que ni pudo llevar e cayó malo dello, y que ha entendido que hay muchos pueblos62.

 

A tenor del propio testimonio del ecijano no parece que fuese tratado con una estima especial por ser extranjero sino al contrario, como un mero esclavo. También Gonzalo Guerrero fue esclavizado en un primer momento63. Si después consiguió gran prestigio social se debió a su esfuerzo en la guerra contra los enemigos de su cacique y en su capacidad para disciplinar y preparar a los indios para la guerra. Por ello, se le otorgó el rango de jefe del ejército y se le ofreció en matrimonio una de las indias principales del lugar. Pero esta ascensión social fue excepcional dentro de este grupo de españoles que vivieron la mayor parte de los españoles que vivieron junto a los indios. Los otros dos casos conocidos en los que fueron bien acogidos, como el de Pedro Calvo de Barrientos o Francisco Gasco, pudo estar motivado por el origen mestizo de ambos, lo que probablemente facilitó la inclusión dentro de la cultura indígena.

La mayoría de estos indianizados eran hombres, pero no por alguna circunstancia especial sino simplemente porque en las primeras décadas había muy pocas mujeres y las posibilidades de que cayeran en manos indígenas eran más reducidas. No obstante, en la segunda década del siglo XVI, cuando el teniente de gobernador Diego Velázquez llegó a la actual zona de Matanzas, se encontró entre los indios a dos mujeres españolas que formaban parte de harén de un cacique. Al parecer, estaban absolutamente indianizadas hasta el punto que las encontró totalmente desnudas64. Sin embargo, no conocemos más detalles sobre el caso. En Panamá, pocos años después, una mujer que iba en la hueste del capitán Meneses, fue derrotado y la fémina apresada. Pues bien, la tomó el cacique y vivió varios años con él hasta que otras mujeres por envidia la mataron y dijeron a su señor que la había devorado un cocodrilo65.

Casos de integración voluntaria son muy contados, y en su mayor parte motivados por un interés temporal por aprender la lengua o las costumbres indígenas. Ese fue precisamente el caso de Cristóbal Rodríguez que decidió voluntariamente vivir varios años junto a los taínos para aprender su lengua y sus costumbres. Sabemos que había viajado como marinero en la segunda expedición colombina, aunque debió optar por quedarse en la Española66. El hecho de ser bilingüe en los primeros años le otorgó una valía especial, pues solían ser utilizados como lenguas o intérpretes. Precisamente, en 1505, el gobernador de las Indias, frey Nicolás de Ovando. recibió una orden Real en la que se le pedía que favoreciese a Cristóbal Rodríguez que ha de hablar con los indios para que contribuyan a Su Alteza como vasallos67.

Ahora bien, casi siempre, cuando al cabo de unos años aparecían los hispanos, se reintegraban a su cultura originaria. Los pocos casos documentados en los que optaron por quedarse entre los amerindios se debió a circunstancias muy concretas, a saber: bien habían creado una familia y estaban tan integrados en la comunidad nativa como fuera de sitio en la comunidad hispana. O bien, la persona en cuestión había alcanzado un alto status dentro de la comunidad indígena, inalcanzable si volvía con sus compatriotas.

No es nuestro objetivo en esta ponencia hacer una relación detallada de las decenas de casos documentados. Nos centraremos exclusivamente en analizar varios casos bien documentados. Ello nos permitirá acercarnos con más nitidez a las circunstancias que vivieron estos personajes. El ejemplo más llamativo y ciertamente excepcional es el de un navío español enviado en 1511 por Vasco Núñez de Balboa desde el Darién a la Española, portando un proceso entre Enciso y Valdivia y que naufragó cerca de las costas de la isla de Cozumel. Unos cuantos supervivientes, incluidas dos mujeres, consiguieron ponerse a salvo en un batel y arribar a la playa68. Existen muchas contradicciones entre el número de supervivientes pero, lo más aceptado, es que fueron seis o siete los que alcanzaron la costa de Cozumel. Fernández de Oviedo afirma que de ellos, sólo Gerónimo de Aguilar quiso volver con los españoles porque el resto como estaban casados con indias, y con sus vicios, y tenían hijos en ellas, apartados de la fe católica, vivían ya como indios y no quisieron reducirse a la fe ni venir a la compañía de los españoles69. De esos supervivientes, perdieron la vida todos menos Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, según unos cronistas porque fueron sacrificados a sus ídolos y, según otros, de muerte natural, víctimas de enfermedades. En 1519 cuando los encontró Cortés, los dos españoles mostraron una actitud muy diferente: mientras el astigitano Gerónimo de Aguilar que acudió presuroso al encuentro y al saber que eran cristianos lloró de placer y, puestas las rodillas en tierra, dio gracias a Dios…70, el palermo Gonzalo Guerrero no mostró tal entusiasmo porque se había indianizado totalmente. Es precisamente, este último caso el que nos intereses por ser uno de los ejemplos mejor documentados de un español indianizado íntegramente y que además deseó permanecer con ellos voluntariamente71. Se había desposado con una hija de un cacique maya, el señor de Chetumal, y había procreado tres hijos. Según Bernal Díaz del Castillo afirmó lo siguiente:

Soy casado y tengo tres hijos y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras. Idos con Dios que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¿qué dirán de mí desde que me vean esos españoles ir de esta manera? Y ya veis que mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis de esas cuentas verdes que traéis para ellos y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra72.

 

En opinión de Diego de Landa, era asesor militar de su suegro, Na Chan Can, señor de Chetumal en Yucatán y enseñó a los indios a luchar y a construir fuertes y bastiones73. No cabe duda, que al optar por el bando de los vencidos, firmó su propia sentencia de muerte. Él dijo a Aguilar que no se había olvidado de Dios y que siempre encontrarían los españoles en él a un amigo74. Sin embargo, cuando varios lustros después, los españoles se enfrentaron a los mayas, Guerrero dirigió las operaciones militares indígenas para frenar la invasión. Envió una enorme expedición indígena, encabezada por él mismo, para ayudar a los mayas de Honduras. Efectivamente, el 13 de agosto de 1536 murió de un arcabuzazo mientras luchaba contra sus compatriotas españoles75.

El otro ejemplo, se lo encontraron los hombres de Hernando de Soto en la Florida en 1539. Se trataba del sevillano Juan Ortiz, que vivía en el pueblo del cacique Mucoço, que había llegado una década antes con Pánfilo de Narváez y que había conseguido sobrevivir entre los indios76. Al parecer, cuando iba a ser quemado por el cacique Hirtihigua, señor del pueblo de Ucita, una hija de éste se encaprichó con él y convenció a su ascendiente para que le perdonase la vida, mientras eran ejecutados los otros cautivos77. Pero eso no evitó que sufriera malos tratos y vejaciones por parte de todos los miembros de la comunidad. Con la ayuda de la india, consiguió huir a tierras de otro cacique, Mucoço, que le dio un trato mucho más humano78. Había pasado una década entre los aborígenes cuando supo de la presencia de compatriotas; el cacique Mucoço le autorizó a que saliera a su encuentro, cediéndole incluso algunos súbditos para que le acompañasen. Sin embargo, a punto estuvieron de matarlo porque iba ataviado como los indios, con los brazos labrados, a uso de los indios y en ninguna cosa difería de ellos79. No hay acuerdo entre los principales cronistas sobre lo ocurrido en el encuentro, pues mientras Garcilaso afirma que se le había olvidado el castellano y que salvó la vida in extremis poniendo su arco y la flecha en forma de cruz, mientras gritaba como podía la única palabra que se le vino a la cabeza, Sevilla, ciudad en la que nació, el Fidalgo afirma que se dirigió a ellos, diciéndoles que era cristiano80. Lo cierto es que, finalmente, fue reconocido por sus compatriotas que, como era de esperar lo acogieron con los brazos abiertos. Y ello no sólo por la satisfacción que suponía para ellos rescatar a uno de los suyos y reintegrarlo a la cristiandad sino también por los futuros servicios que podía prestar como intérprete. Había asimilado tan bien la lengua indígena que decía Hernández de Biedma en su Relación que le costaba expresarse sin introducir continuamente vocablos indígenas. Pero el problema se solucionó en breve, prestándoles grandes servicios como intérprete, hasta su fallecimiento en 1542 en el pueblo de Autianque81.

Al margen de estos casos, debió haber muchos más que no han quedado registrados para la historia. Cientos de casos en los que los hispanos se vieron abandonados a su suerte y tuvieron que adoptar las costumbres indígenas para sobre vivir.

 

CONCLUSIÓN

Parece claro que los trasvases culturales fueron bidireccionales. Que los europeos terminaron aculturando al indio es algo obvio, como lo evidencian en la actualidad la extensión del castellano y de la religión católica a lo largo y ancho de Hispanoamérica. Sin embargo, mucho menos conocido fue el influjo inverso, es decir, el de la cultura aborigen en los conquistadores. El uso de rasgos y de elementos culturales concretos de los amerindios fue frecuente desde el inicio. Los hispanos se adaptaron rápidamente a la gastronomía indígena, convirtiéndose pronto el maíz y el cazabe en la base de su alimentación. En plena conquista también usaron aspectos técnicos indios, como los escaupiles de lana para sustituir a las pesadas e inoperantes armaduras o diversas técnicas de cultivo. Las llamas fueron usadas como animales de carga a falta de los equinos europeos que se introdujeron muy lentamente. Las hamacas, los bohíos o casas de paja así como su herborística fueron rápidamente asimilados. A mediados del siglo XVI numerosas plantas como el bálsamo, el guayacán o la cañafístula se comercializaban ampliamente en la Península. Y es que los conquistadores mostraron una fe ciega en la herborística indígena que los llevó a comercializar los fármacos en la Península. No deja de ser llamativo que ya hacia 1525 o 1530, cuando la realidad americana se percibía aún tan difusa en Europa, se administrasen en muchos de sus hospitales las medicinas que durante siglos habían consumido los amerindios.

En cambio, los casos completos de indianización fueron muy contados. Debieron ser cientos los casos, aunque solamente hemos llegado a conocer referencias de varias decenas de ellos. No obstante, aunque hubiera muchos más de los que conocemos no dejan de ser pocos, muy pocos, dado que hablamos de todo un continente y en un amplio espectro cronológico. Y ello por el rechazo mutuo al contrario, en medio de una conflagración bélica, y cuya resistencia activa o pasiva se mantuvo durante décadas. Los hispanos despreciaban las costumbres y la cosmovisión de los indios, además de ser verdaderamente suicida pasarse al bando perdedor. Para la mayoría de los indios, los hispanos eran enemigos que amenazaban su mundo, a los que se resistieron con todas sus fuerzas82. Si en ocasiones los acogían pacíficamente eran por temor a posibles represalias. Ahora bien, una cosa era un colectivo y otra, individuos concretos a los que no podían temer. Por ello, muchos de los hispanos que acabaron en manos de los indios fueron ejecutados en breve plazo, siendo las excepciones los que salvaron la vida. De acuerdo con Ángel Sanz, la indianización de los hispanos fue casi siempre forzada, la única garantía de supervivencia. Y lo hicieron pensando que sería temporal y que, antes o después, tendrían la oportunidad de ser rescatados o de reintegrarse a la civilización hispana83. Y de hecho así, ocurrió, salvo tres o cuatro casos, los demás terminaron retornando a su cultura original a la primera oportunidad que se les presentó.

En definitiva, los hispanos indianizados fueron numéricamente muy pocos y casi siempre de manera forzada, obligados por las circunstancias. Casi nunca ocurrió de manera voluntaria ni por una supuesta admiración de la cultura indígena o de su forma de vida. El modelo de colonización impuesto por los conquistadores era intransigente y radical: todos los indios debían convertirse al cristianismo e integrarse en la forma de vida castellana. En este marco se hizo difícil que los hispanos pretendiesen voluntariamente integrarse en un mundo que estaba abocado desde la llegada del europeo a su desaparición. Seguramente, las cosas hubieran sido muy diferentes si se hubiese impuesto desde un primer momento la penetración pacífica que defendieron algunas personas laicas y seglares. Así, el franciscano Gerónimo de Mendieta, al igual que el obispo de Honduras Cristóbal de Pedraza, estaban convencidos de la bondad innata del amerindio y siempre defendieron la posibilidad de una penetración evangelizadora, en la que fuese posible la fundación de una nueva cristiandad, libre de las herejías y de los excesos del viejo continente. Así, sí hubiera sido factible la indianización voluntaria de muchos hispanos,

 

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1 Cit. en HOBSBAWM, Eric: Sobre la Historia. Barcelona, Crítica, 1998, pp. 176-177.

2 Por otro lado, no cabe duda que la estructura mental, especialmente lo relacionado con la religión y la cosmovisión, es la más resistente al cambio. Precisamente, la destrucción violenta de una religión indígena, por parte de una cultura superior, como ocurrió en algunos lugares del continente americano, está considerada como una causa fundamental de extinción de una civilización. De manera que las sociedades primitivas solían tener una religión sencilla pero perfectamente adaptada a sus necesidades, estando sus miembros plenamente convencidos de que eran sus dioses tradicionales sus auténticos protectores, los cuales colmaban plenamente sus necesidades psicológicas. NISHERT, Robert y otros, Cambio social. Madrid, Alianza Editorial, 1988, p. 54.

3 FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia General y Natural de las Indias, T. I. Madrid, Atlas, 1992, p. 111. Existen muchos testimonios documentales confirmando estas palabras de los cronistas de los que vamos a traer a colación aquí unas palabras que escribieron los Jerónimos refiriéndose al aprendizaje de los indios: Que son gentes que siempre han menester el maestro ante los ojos, para que no olviden lo aprendido ayer... Cit. en BAYLE, Constantino: El protector de indios. Sevilla, E.E.H.A., 1945, p. 1.

4 En estos términos afirma López de Gómara que se expresó el Inca. LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco: Historia General de las Indias, T. I. Madrid, Orbis, 1985, p. 176.

5 Real Cédula a frey Nicolás de Ovando, Segovia, 27 de noviembre de 1503. AGI, Indiferente General 418, L. 1, f. 119v.

6 RÍO MORENO, Justo del: Caballos y équidos españoles en la conquista y colonización de América (siglo XVI), T. I. Sevilla, Gráficas del Guadalquivir, 1992, pág. 63.

7Ibídem.

8Residencia tomada a Juanes Dávila, gobernador de la isla de Cuba, 1545. AGI, Justicia 69, N 1, f. 231v.

9Pleito entre los herederos de Diego Méndez y el licenciado Serrano, Santo Domingo, 1517 a 1532. AGI, Justicia 2, N. 1, Pieza 1ª.

10Cuentas del tesorero de la Isla Española Santa Clara, 1505 1508. AGI, Justicia 990, N. 1, pieza 2ª.

11Real Cédula al gobernador y a los oficiales de la isla de Jamaica, Madrid, 29 de enero de 1525. AGI, Contratación 5787, L. 1, fol. 36r.

12Juicio de residencia a Juan Suárez de Figueroa, teniente de gobernador de la isla Margarita, 1533. AGI, Justicia 54, Pieza 1ª, f. 22.

13 MOTOLINIA, fray Toribio: Historia de los indios de la Nueva España. México, Editorial Porrúa, 1990, pp. 16-17.

14 Así, cuando en 1545 el Rey ordenó echar de la isla Española a los esclavos berberiscos que en ella había la Audiencia replicó que no se debía aplicar porque ellos están casados y con hijos y que son oficiales de albañil y carpinteros y otros oficios muy provechosos a la población de la tierra... Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Santo Domingo, 29 de abril de 1545. AGI, Santo Domingo 868, L. II, fols. 234r 239r.

 

15Véase SANZ TAPIA, Ángel: "La aculturación indígena: los primeros españoles indianizados", Actas del Congreso de Historia del Descubrimiento (1492-1556), T II. Madrid, Real Academia de la Historia, 1992, p. 304. Otros historiadores han utilizado el término de "transculturación a la inversa" que nos parece más inapropiado por que el trasvase no fue total sino tan solo de ciertos rasgos culturales. LANDOLFI, Ciriaco: Introducción al estudio de la cultura dominicana. Santo Domingo, Editora de la U.A.S.D., 1977 p. 10.

16 El cazabe era una torta cocida hecha con la harina de la raíz de la yuca, previamente exprimida y prensada. Los cronistas lo llamaron el pan de la tierra. TEJERA, Emiliano, Palabras indígenas de la isla de Santo Domingo, Ciudad Trujillo, Editora del Caribe, 1951, pp.121-125. Hubo una cierta resistencia al consumo de este producto por parte de los europeos, pese a que según Pedro Mártir de Anglería, era más sano porque se digería mejor. ANGLERÍA, Pedro Mártir, Décadas del Nuevo Mundo, Madrid, Polifemo, 1989, p. 231. Lo consideraban un alimento basto e insípido, hasta el punto que algunos escribieron que cuando lo comían estaban masticando tierra. BENZONI, Girolamo, Historia del Nuevo Mundo, Madrid, Alianza Editorial, 1989, p. 153. Pero al final, se terminó apreciando su gran ventaja: que una vez elaborada la torta, en seco, duraba sin deteriorarse varios años. Y dado que los conucos indígenas nunca pudieron abastecer las demandas de cazabe de los españoles, no tardaron en aparecer estancieros hispanos que con la misma tecnología indígena se aprovecharon del negocio. CASSÁ, Roberto, Historia social y económica de la República Dominicana, T. I, Santo Domingo, Editora Alfa y Omega, 2003, p. 179.

17 Las pipas equivalían aproximadamente a unos 16 litros.

18ANGLERÍA: Ob. Cit., p. 150.

19 HARRIS, Marvin: Bueno para comer, Madrid, Alianza Editorial, 1999, pp.11-13.

20 Lo realmente sorprendente es que aceptaran la mayor parte de la cultura gastronómica indígena excepto la chicha –el llamado vino indígena-. Prefirieron prescindir de él, antes que pasarse al consumo de la chicha por la que siempre mostraron un cierto desprecio. Incluso, cuando no disponían de vino para la liturgia, no lo sustituían por vino indígena, sino que celebraban lo que llamaban una misa seca. Por ejemplo, tras la batalla de Mauvila, en tierras de la Florida, las huestes de Hernando de Soto lo perdieron todo, incluidas, tres fanegas de trigo y cuatro arrobas de vino que tenían reservada para celebrar el sacrificio de la misa. Desde entonces se contentaron con celebrar la misa seca. BAYLE, Constantino S.J., Hernando de Soto, Madrid, Administración de Razón y Fe, s/f, p. 127. Los conquistadores estaban acostumbrados a este tipo de liturgia sin una gota de vino y, a veces, ni tan siquiera una migaja de pan. La pregunta clave sería la siguiente: ¿por qué aceptaron sustituir todos los alimentos mediterráneos menos el vino? Como hemos analizado en esta comunicación, por las connotaciones sociales, culturales y hasta rituales que el vino tenía, vinculado inalienablemente a la cultura europea y a la cristiandad.

21 Conquistadores y colonos también se desvivieron buscando vergeles botánicos. El cirujano de los bucaneros, Alexander Exquemelin, escribió en 1666 que en la isla Española había una gran cantidad de plantas medicinales que, a su juicio, podían cambiar los almacenes galénicos y hornos paracélsicos. EXQUEMELIN, Alexander Oliver: Piratas de América. Madrid, Dastin, 2009, pp. 60-61.

22 FERNANDEZ DE OVIEDO (1992): Ob. Cit., T. I, Lib. V, Cap. I, p. 112. Por su parte José Peguero, un historiador del Siglo XVIII se hizo eco de estas informaciones de Fernández de Oviedo y de Herrera al afirmar lo siguiente: "Eran los sacerdotes; por la mayor parte muy herbolarios, y con el conocimiento que tenían de las virtudes de las hierbas medicinales, curaban las dolencias de los indios, y les hacían creer, que estas curas eran milagros que ellos hacían con facultad que les habían dado sus dioses". PEGUERO, Joséph: Historia de la conquista de la isla Española de Santo Domingo, trasumptada el año de 1762, T. I, Santo Domingo, Museo de las Casas Reales, 1975, T. I, p. 112.

23 No vamos a insistir en los detalles del ritual ya que fue descrito a la perfección por el padre Las Casas, Fernández de Oviedo, Antonio de Herrera, fray Ramón Pané. Una buena descripción, basada en los escritos de Pané, puede verse en CASSA, Roberto: Los taínos de La Española. Santo Domingo, Editorial Búho, 1990, pp. 178-179.

24 Por ejemplo, Motolinía, refiriéndose a los indígenas de Nueva España dijo, que hay algunos de ellos de tanta experiencia, que muchas enfermedades viejas y graves, que han padecido los españoles largos días sin hallar remedio, estos indios los han sanado... MOTOLINIA, fray Toribio de (1990): Historia de los indios de la Nueva España. México, Editorial Porrúa, 1990, T. II, p. 102.

25 La ilusión por estos elixires fue tal que, en la década de los treinta se encontró en Cubagua un brote aceitoso -posiblemente petróleo- y se autorizó para utilizarse como medicamento. Incluso, en 1536, la Corona pidió a las autoridades de Cubagua que enviasen muestras a Castilla de ese aceite petróleo para experimentar con él y analizar su utilidad. Real Cédula a los oficiales de Cubagua, Madrid, 10 de diciembre de 1532. AGI, Santo Domingo 1121, L. 3, fols. 33v-34r. Real Cédula a los oficiales de Cubagua, Valladolid, 3 de septiembre de 1536. AGI, Santo Domingo 1121, L. 3, fol. 122r.

26Real Cédula a los oficiales de Sevilla, Ávila, 31 de julio de 1531. AGI, Indiferente General 1961, L. 2. Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla para que informasen de la cantidad de guayacán que había en las atarazanas de Sevilla, Ávila, 31 de julio de 1531. AGI, Indiferente General 1961, L. 2, fols. 88v-89r.

27 El cirujano de los bucaneros Alexander Exquemelin, escribió en 1666 que en la isla Española había una gran cantidad de plantas medicinales -entre ellas cita la cañafístula- que, a su juicio, podían cambiar los almacenes galénicos y hornos paracélsicos. EXQUEMELIN, Alexander Oliver: Piratas de América. Madrid, Dastin, 2009, pp. 60-61.

28 FERNANDEZ DE OVIEDO: Historia general y natural de las Indias, T. II. Madrid, Atlas, 1992, p. 19.

29 Aunque existe mucha bibliografía al respecto puede verse la voz cohoba en TEJERA: Ob. Cit., p. 144 y ss.

30 BENZONI: Ob. Cit., p. 148.

31CASSÁ: Los indio de las Antillas…, p. 309.

32 BENZONI: Ob. Cit., p. 148.

33 ÁLVAREZ PELÁEZ, Raquel: “Medicina y farmacia en la época colonial”, en Huella de América en España. Valencia, 1993, p. 251.

34 LÓPEZ-MUÑOZ, Francisco y Cecilio ÁLAMO: “El Dioscórides de Andrés Laguna en los textos de Cervantes: de la materia medicinal al universo literario”, Anales Cervantinos, Vol. XXXIX. Madrid, 2007, p. 207.

 

35Juicio de residencia tomado a Gonzalo de Guzmán, Teniente de Gobernador de la isla de Cuba, 1531. AGI, Justicia 52, Pieza 1ª, f 657v

36 Ibídem, p. 206.

37 BENZONI: Ob. Cit., p. 72.

38 Carta de los oficiales de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo 5 de agosto de 1515. AGI, Patronato 172, R 5, f 120v.

39 La idea de las armaduras de conchas de tortuga se descartó ya en la armada de Pedrarias y no parece que se hicieran muchas más, salvo casos muy excepcionales. MENA GARCÍA, Carmen: Sevilla y las flotas de Indias. La gran armada de Castilla del Oro (1513-1514). Sevilla, Universidad, 1998, pp. 110-112.

40CASSA, Roberto: Los indios de las Antillas. Madrid, MAPFRE, 2002, p. 309.

41 Carta de los oficiales de la isla de San Juan a Su Majestad, Puerto Rico, 26 de septiembre de 1528. AGI, Patronato 176, R. 15. Relación de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 19 de agosto de 1528. AGI, Santo Domingo 9, R. 3, N. 27-28.

42OTTE, Enrique: "La Rochelle et Espagne. L`expedition de Diego Ingenio a l`île des Perles en 1528", Revue D`Histoire Economique et Sociale, vol. XXXVII, Nº 1, Paris, 1959, p. 50.

43Residencia tomada a Pedro Ortiz de Sandoval, gobernador de la isla Margarita por el licenciado Antonio López Cerrato, 1545. AGI, Justicia 64, N. 2, R. 2B, f. 17.

44Pleito sobre la conquista de la isla Margarita, 1534. AGI, Justicia 1003, N. 4, 1ª pieza.

45Sobre la temática puede verse la excelente monografía de ZAMORA MUNNE, Juan Clemente: Indigenismos en la lengua de los conquistadores. Barcelona, Artes gráficas Medinaceli S.A., 1976.

46 RODRÍGUEZ MOREL, Genaro: Orígenes de la economía de plantación en La Española. Santo Domingo, Editora nacional, 2012, p. 253.

47 Evidentemente, el vocablo montón, es castellano, y los hispanos lo conocían porque en las islas Canarias se usaba una técnica muy similar para el cultivo de la caña de azúcar. Desconocemos el nombre taíno.

48 Así, en una subasta de los bienes de María Sánchez, vecina de La Habana, la hamaca se valoró en dos pesos y medio mientras que entre el colchón y las mantas se sobrepasaba el doble de esta cantidad. Inventarios de bienes de de Mari Sánchez, mujer de Lope de Arrexeta, La Habana 11 de diciembre de 1546. AGI, Contratación 197, N 29.

49 LADERO QUESADA; Miguel Ángel: Las Indias de Castilla en sus primeros años. Cuentas de la Casa de la Contratación (1503-1521). Madrid, Dykinson, 2008, p. 321.

50 MENA GARCÍA: Ob. Cit., p. 47.

51CASSÁ: Los indios de las Antillas.., p. 309.

52 Sobre el particular puede verse el excelente artículo –ya citado- de Ángel Sanz Tapia donde, basándose en las crónicas de la conquista, recoge un buen número de esos españoles indianizados. SANZ TAPIA: Ob. Cit., T. II, pp. 303-367.

53 LAS CASAS, Bartolomé de: Historia de las Indias. Madrid, Santo Domingo, Ediciones del Continente, 1985,T. II, pp. 567-568.

54 SANZ TAPIA: Ob. Cit., p. 334.

55 GONGORA MARMOLEJO, Alonso de: Historia de todas las cosas que han acaecido en el reino de Chile y de los que lo han gobernado (Ed. de Miguel Donoso Rodríguez). Madrid, Iberoamericana, 2010, pp. 90-91.

56 Por ejemplo, en el Interrogatorio de los Jerónimos, realizado en la Española en 1517 se emplearon multitud de justificaciones para legitimar el orden social establecido y la encomienda. Por ello, los encuestados pusieron el énfasis en la holgazanería y la incapacidad de los naturales. Unas ideas que constituyeron la auténtica piedra de toque sobre la que se sustentaron todas las formas de compulsión al trabajo de los indígenas. En realidad, estas justificaciones se utilizan siempre por la etnia dominante para mantener bajo control al resto de la población, pues, no debemos olvidar que los negros fueron acusados igualmente de ladrones, holgazanes, etc. La desgana vital que mostraban los indios por el trabajo era cierta pero no se debía a su supuesta holgazanería o incapacidad sino a una crisis de inconformidad y contradicción de sufrimiento y desgarro que los españoles no quisieron entender. ORTIZ, Fernando: "La holgazanería de los indios". Revista Bimestre Cubana, vol. XXXV, Nº 1. La Habana, 1935, p. 51.

57 Real Cédula a Gerónimo de Guzmán, 13 de octubre de 1518. AGI, Indiferente General 420, L. 8, fols. 115r-115v.

58 FERNÁNDEZ DE OVIEDO: Ob. Cit., T. IV, p. 9.

59 MARIÑO DE LOBERA, Pedro: Crónica del Reino de Chile. Madrid, B.A.E., 1960, p. 282. Cit. también en SANZ TAPIA: Ob. Cit., p. 345.

60 LÓPEZ DE GÓMARA: Ob. Cit., T. I, p. 218.

61 En ambos casos fueron salvados de una muerte segura por la ayuda o la intervención de una mujer enamorada, vinculada familiarmente al cacique.

62 DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal: Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España. Barcelona, Sopena, 1970, p. 144.

63 Este caso ha sido analizado monográficamente por TORRES RAMÍREZ Bibiano: “La odisea de Gonzalo Guerrero en México”, Actas del Congreso de Historia del Descubrimiento, T. II. Sevilla, 1992., pp. 369-386. También lo trata con cierto detalle SANZ TAPIA: Ob. Cit., T. II, pp. 318-325.

64 CASSÁ, Roberto: Los indios…, pág. 235.

65 El caso lo refiere Pascual de Andagoya en su Relación. Cit. por SANZ TAPIA: Ob. Cit., T. II, p. 317.

66 Viajó como marinero en la carabela de Diego Rodríguez. VARELA MARCOS, Jesús y otros: Segundo Viaje de Colón. Nueva documentación. Análisis histórico y lingüístico. Valladolid, Universidad, 1998, p. 78.

67Real Cédula a frey Nicolás de Ovando, Toro 4-II-1505. AHN, Consejos Suprimidos 21.474, N 34, f 27.

68 DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 144.

69FERNÁNDEZ DE OVIEDO: Ob. Cit., T. IV, p. 9.

70 LANDA, fray Diego de O.F.M.: Relación de las cosas de Yucatán. Madrid, Historia 16, 1985, pág. 47.

71 Su caso ha merecido una especial atención por la historiografía. Véase, por ejemplo, los recientes trabajos de CAMPOS JARA, Salvador: “Gonzalo Guerrero, un palermo aindiado”, Actas de las Jornadas de Historia sobre el Descubrimiento de América. Huelva-Palos, 2011, pp. 157-187 y de ZUGASTI, Miguel: “La cara tengo lavada y horadada las orejas. Españoles cautivos y aindiados en la conquista de América”, en El cautiverio en la literatura del Nuevo Mundo. Pamplona, 2011, pp. 263-287.

72 DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 144 y ss. Citado también en PÉREZ, Joseph: Carlos V. Madrid, ABC, 2004, pág. 155 y en SANZ TAPIA: Ob. Cit., p. 320.

73 LANDA: Ob. Cit., pág. 44.

74 THOMAS, Hugh: Quién es quién de los conquistadores. Barcelona, Salvat, 2001, pág. 373.

75 Ibídem, pág. 373.

76 FIDALGO DE ELVAS: Expedición de Hernando de Soto a Florida, Madrid, Austral, 1965, p. 51. GARCILASO DE LA VEGA, Inca: La Florida del Inca (Ed. de Sylvia-Lyn Hilton). Madrid, Fundación Universitaria Española, 1982, fols. 30v y ss.

77 No hay acuerdo en este punto entre Garcilaso y el Fidalgo, pues mientras el primero afirma que eran cuatro los cautivos el segundo dice que tan sólo eran dos. Estos pertenecían a un grupo de unos veinte o treinta hombres que Narváez envió desde Cuba en un bergantín. Tras desembarcar fueron apresados estos hombres mientras el resto conseguía huir y regresar a Cuba. Ibídem.

78 VILLANUEVA Y CAÑEDO, Luis: Hernando de Soto. Badajoz, Imprenta Arqueros, 1929, pp. 102-103; BAYLE: Ob. Cit., pp. 68-71.

79 FIDALGO DE ELVAS: Ob. Cit., p. 50.

80 Es más fiable la opinión del Fidalgo que además coincide con la de Fernández de Oviedo, al decir que cuando iba a ser atacado por sus compatriotas gritó: Señores, por amor de Dios y de Sancta María, no me matéis: que yo soy cristiano, como vosotros, y soy natural de Sevilla y me llamo Juan Ortiz. FERNÁNDEZ DE OVIEDO: Ob. Cit., T. III, p. 155.

81 No hay acuerdo sobre las circunstancias que rodearon a la muerte del intérprete sevillano. Carlos Martínez-Shaw, siguiendo seguramente a Garcilaso, afirma que perdió la vida a manos de los indios, en la batalla de Mauvila. MARTÍNEZ-SHAW, Carlos M.: Presencia española en los Estados Unidos. Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1972, pp. 61-62. En cambio, el Fidalgo sitúa su muerte bastante después, concretamente en el pueblo de Autianque, a finales de 1541 o principios de 1542. FIDALGO DE ELVAS: Ob. Cit., pp. 117-119. John G. Varner, siguiendo una tercera fuente, es decir, la relación de Hernández de Biedma, afirma más o menos lo mismo, añadiendo que murió de frío. VARNER, John G.: The life and Times of Garcilaso de la Vega. Austin, University press, 1968, p. 533.

82 La resistencia activa, es decir, violenta, fue escasa frente a la gran resistencia pasiva que se manifestó en el solapamiento de algunos de sus ritos prehispánicos con otros cristianos. El sincretismo religioso fue una dinámica absolutamente habitual a lo largo de la época colonial. Sobre el particular véase mi obra: Conquista y destrucción de las Indias. Sevilla, Muñoz Moya, 2009.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

(Publicado en las Actas de las jornadas Hombres de a pie y de a caballo. New York, IDEA, 2013, págs. 97-115).

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